Cumplir 18 años debería ser una etapa de ilusión, nuevos proyectos y oportunidades. Sin embargo, para muchos menores migrantes que viven bajo el sistema de protección, alcanzar la mayoría de edad puede convertirse en el comienzo de una etapa llena de incertidumbre. La falta de apoyo familiar, las dificultades administrativas y la escasez de recursos para acceder a una vivienda o un empleo complican su transición hacia la vida adulta.

En marzo de 2016, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), a través de su delegación de Cádiz, denunció la situación que afectaba a más de 40 menores marroquíes acogidos por la Junta de Andalucía en la provincia. La organización alertaba de las dificultades que afrontaban estos jóvenes ante las decisiones administrativas relacionadas con su situación y su futuro.

El problema iba más allá de cumplir una determinada edad. Muchos de estos adolescentes habían llegado a España sin familiares que pudieran hacerse cargo de ellos y dependían de los recursos de protección para cubrir necesidades esenciales. Al acercarse a los 18 años, la posibilidad de perder ese respaldo podía dejarlos en una situación de especial vulnerabilidad.

Sin una red familiar, recursos económicos suficientes o una alternativa residencial, comenzar una vida independiente resulta extraordinariamente complicado. A ello se añaden los obstáculos para regularizar su situación documental, continuar los estudios, aprender el idioma y acceder al mercado laboral.

Desde una perspectiva de derechos humanos, la transición a la mayoría de edad requiere planificación y acompañamiento. La protección de los menores no debería terminar sin que existan alternativas que les permitan continuar su formación, encontrar alojamiento y desarrollar un proyecto de vida digno.

La labor de entidades sociales como Voluntarios por otro Mundo responde precisamente a esta necesidad. Mediante recursos residenciales, orientación formativa, apoyo administrativo y acompañamiento personal, la asociación trabaja para que los jóvenes extutelados puedan avanzar hacia la autonomía con mayores garantías.

La pesadilla de cumplir 18 años

La historia que recoge la APDHA recuerda que cumplir 18 años no significa que desaparezcan las necesidades de apoyo. La integración requiere tiempo, oportunidades y una sociedad dispuesta a evitar que la falta de recursos convierta el comienzo de la vida adulta en una experiencia de exclusión.

Garantizar una transición digna es una responsabilidad compartida y un paso imprescindible para construir una sociedad más justa, inclusiva y respetuosa con los derechos de todas las personas.

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